miércoles, 23 de diciembre de 2015

Necesito un logodepa



Toal!!!  goten que sarcandes un copo. No sé qué me sapa temenmatiul rope doancu goten tres mil jessamen y roquie lostartescon temendapira, me goha un domentre lio yo loso.

Depue que se tetra tan loso de un copo de treses…Ajajaj. Rope goal me cedi que tosicene un copo de dayua nalsiofepro, asi que recabus un LOGODEPA.

Trao cionop es tartenin cerha doto de un domo más tolen rope roguse. Moco cendi los nosliatai, nopia nopia se va notalon, tefor tefor se va a la temor.

Nardoper la mabro, rope es que hoy me he dotavanle con el mala dachonca. En el enbu dotisen de la bralapa.

NIF.

domingo, 20 de diciembre de 2015

Navidad en el frente



Las Ardenas, 24 de diciembre de 1944.

El sargento “Maldad” continuaba gritando y lanzando puntapiés al aire pese a que el último de los hombres de nuestro pelotón había alcanzado ya la cima de la colina.

El espectáculo era desolador. Una pequeña granja destruida, y dos niños alemanes con su abuela calentando un triste caldo de hierbas en una hoguera.

Algo cambió en aquel hombre. “Maldad” nos pidió nuestras raciones de campaña y las chocolatinas. Sin mediar palabra se las entregó. Vi por primera y última vez su sonrisa. Desde aquel día para nosotros se convirtió en el sargento “Claus”.


Micro relato aportado al concurso del círculo de escritores:
http://elcirculodeescritores.blogspot.com.es/2015/12/concurso-de-microrrelatos-navidenos-ii.html

Arrestando a Santa Claus



     —El viejo ha caído, capitán —informó el agente Collins.

     Paul Morris sonreía mientras colgaba el auricular del teléfono. “Chris kringle alias Santa Claus, te tengo —se dijo”.

     —Maldito degenerado. ¿Creías que no lo recordaría?

     Los cargos contra el señor Kringle eran irrefutables. Un anciano que vive escondido rodeado de preadolescentes esclavizados a los que llama elfos. Un individuo que se cuela con nocturnidad por las chimeneas en las casas donde hay niños. "Te vas a pudrir en presidio, cerdo pederasta".

    —¿Por qué no me dejaste la bicicleta que te pedí? —preguntó Morris. Nunca se lo había perdonado.



Relato presentado a : 
CONCURSO DE MICRORRELATOS NAVIDEÑOS "LA CARA OCULTA II"


miércoles, 9 de diciembre de 2015

El pequeño niño que Santa Claus olvidó.


      Él es el pequeño niño que Santa Claus olvidó.
¿Sabéis?... El no pedía demasiado.
Le envió una nota a Santa, deseaba algunos soldados y un tambor.
Se le rompió el corazón cuando se enteró de que Santa Claus no había llegado.

     En la calle envidiaba a todos los niños con suerte.
Se paseaba en su casa con los juguetes rotos del año pasado.
Lo siento mucho porque el chaval no tiene padre.
Él es el pequeño niño que Santa Claus olvidó.

    Ya sabes, la navidad viene una vez al año para los niños.
La risa y la alegría se encuentran en cada juguete nuevo.
Pero te hablaré de un niño que vive al otro lado del camino...
Para ese muchachito la Navidad es un día corriente.
Él es el pequeño niño que Santa Claus olvidó.
Y como dije, el no pedía demasiado.


Música y letra por Michael Carr, Tommie Connor, y Jimmy Leach. (1937)


 
Feliz navidad, y cuando busques el día 25 bajo el árbol, acuérdate de los que no tienen tu suerte.





lunes, 26 de octubre de 2015

Luz en el lado oscuro - Capítulo II


Luck condujo su coche durante horas. Estaba muy cerca de Paris, donde quería visitar la catedral de Notre Dame. Pilotaba siempre a gran velocidad, pese a no tener nunca prisa. Al fin y al cabo él era un ser inmortal. ¿Qué cosa terrenal no podía esperar?

Los recuerdos volvieron a su mente. De nuevo a otra de las grandes injusticias de Yahveh, “Los diez mandamientos”

Fueron entregados a Moisés, con el fin de reprimir a los hombres. Luck había intentado desde aquel instante, influir en ellos con sus contra mandamientos con la intención de hacerlos más libres.

Yahveh ordenó:

—Primero, Amaras a Dios sobre todas las cosas—.

Luzbel, te recomienda amarte a ti mismo sobre lo demás, pues de tu bienestar dependerá también el de tus seres queridos, y a ellos los amaras por sus obras y acciones ¿No es egoísmo exigir el amor? El amor no se exige, el amor surge de modo natural y se ofrece desinteresadamente, no por una orden.

—Segundo, No tomaras el nombre de Dios en vano—.

¿Acaso el ser que te exige amor, te prohíbe que utilices su nombre? ¿Es su nombre lo único importante para él? Utiliza el nombre de quien quieras según tus necesidades, ya que eres el dueño de tu vida y de la tierra.

—Tercero, santificaras las fiestas—.

¿Qué fiestas, las que él decida, las que él te ordene? Santifica tu natalicio, ya que es el día más importante de tu vida, y santifica los días importantes para las personas a las que ames, pero por tu propia voluntad, no por una obligación que cambiara tu estatus de persona libre a siervo.

—Cuarto, Honraras a tu padre y a tu madre—.

Eso es muy lógico, y los debes honrar, siempre y cuando lo merezcan.

—Quinto, No mataras—.

No mataras a ningún ser de la creación por placer, tan solo mataras para proveerte de alimento, y no mataras a ningún hombre, salvo que sea tu enemigo, y que su muerte signifique liberación o beneficio para ti y tus seres queridos.

—Sexto, No cometerás actos impuros—.

¿Quién define lo que es puro o impuro? Lo que es justo para ti, es puro para mí.

—Séptimo, No robaras—.

El que roba a un ladrón, tiene cien años de perdón.

—Octavo, No dirás falso testimonio—.

A no ser que tu supervivencia o la de tus seres queridos dependan de ello. En ese caso, miente, miente, miente, y si tienes alguna duda, vuelve a mentir.

—Noveno, no consentirás pensamientos ni actos impuros—.

¿Alguien no ha tenido nunca pensamientos impuros? ¿Nos quiere robar hasta nuestras fantasías? Los pensamientos impuros purifican nuestra alma, si mas no, la hacen más humana.

—Decimo, no codiciaras los bienes ajenos—.

Si yo amo a mi mujer, y lo considero como un bien, al pedirme Yahveh, que le entregue antes a él ese amor que pertenece a mi mujer ¿No está codiciando él un bien ajeno? ¿Acaso él puede saltarse sus propias leyes y yo no?

“Luck se lamentaba que estas replicas racionales a unos injustos mandamientos, fuesen apagadas por los esbirros de Yahveh en la tierra, Sus lacayos y sirvientes, la Iglesia Apostólica y Romana. Unos vividores sádicos corruptos, y los primeros en no obedecer ninguno de estos mandamientos, los primeros en matar a inocentes bajo injustas calumnias, los primeros en vivir en la opulencia, mientras millones de personas mueren de hambre, y sobre todo los primeros en llamarme maldito, por amar a los hombres sobre todas las cosas, por amar los placeres carnales, por intentar ser mejor día a día, por no mostrar hipocresía.

Solo se una cosa, y es que en el fondo me dan muchísima pena, ya que solo son puros instrumentos del mal, pero no del mal como ellos dicen que estaría personificado por mí, sino del mal del universo, del mal proveniente del lado más oscuro. ¿Por qué me llaman a mí el oscuro?

—Mi nombre significa la luz, y su alma es negra, tan negra que incluso a mí, al que fue el primero de los ángeles, me asusta mirar—.

Luzbel solo quería dejar claros, los principios que él consideraba justos:

El representa complacencia, en lugar de abstinencia.

El representa la existencia vital, en lugar de los sueños espirituales.

El representa la sabiduría perfecta, en lugar del autoengaño hipócrita.

El representa amabilidad para quienes la merecen, en lugar de amor malgastado en ingratos.

El representa la venganza en lugar de ofrecer la otra mejilla.

El representa responsabilidad para el responsable.

El representa al hombre como otro animal, algunas veces mejor, la mayoría de las veces peor que aquellos que caminan a cuatro patas, el cual, por causa de su “divino desarrolla intelectual” se ha convertido en el animal más vicioso de todos.

El representa todos los llamados pecados, mientras lleven a la gratificación física, mental o emocional.

Luzbel siempre había sido el mejor amigo que la iglesia ha tenido, ya que la ha mantenido en el negocio todos estos años.



Luck apago el motor de su Mustang, bajó contemplando la belleza de la catedral de Notre Dame. Entro por la puerta principal, la llamada “puerta del juicio final” que era la mayor de las tres entradas situadas en la fachada oeste.

Como si no tocara el suelo caminó hasta situarse en el punto central de la catedral. Sabía que en unos minutos se encontraría con sus mejores amigos desde el inicio de los tiempos.

—En mi propio nombre, señor de la tierra, rey de este mundo, ordeno a mis fuerzas que viertan su poder sobre este lugar, Abrid la puertas del bendito infierno y salid del abismo para escuchar a vuestro amigo y hermano —murmuró Luck.

Dos sombra aparecieron por el este, Luck no distinguió sus rostros hasta que abandonaron la oscuridad y se situaron junto a él, a escasos dos metros. Eran Belial y Leviatan.

Belial, uno de los príncipes del infierno. El ángel de la confusión, la lujuria y el deseo. Vestía un impecable traje gris y una camisa color salmón, que hacia resaltar su tez morena, su largo y rizado cabello negro como el azabache y sus profundos ojos verdes. Su boca emitió una gran sonrisa, mostrando unos perfectos y blancos dientes como la nieve, mientras sus ojos brillaron de felicidad al ver a su hermano.

Leviatán, ángel de los mares, su aspecto era el de un adolescente de diecinueve años, pese a tener cientos de siglos de edad. Su sonrosado rostro, sus aniñados ojos azules, y su corto cabello rubio, lo hacían a los ojos de Luck, el más bello ser de la creación.

Luck vio como una lagrima de alegría broto de los ojos de Leviatán, le cogió por los hombros y le beso en la boca, luego le miro y le dijo.

—Te quiero Leviatán, no sabes cuánto te he extrañado—.

Se giró, miró a Belial y se fundieron en un interminable abrazo, para a continuación decirles.

—Os necesito hermanos, el nuevo ciclo de venganza ha llegado, y lo que es justo para nosotros, es justo para el hombre. Debemos seguir luchando contra la tiranía, la opresión, y la maldad de Yahveh, y de sus secuaces en la tierra—.

Era agosto de 2009, ya habían pasado sesenta y seis años de la última acción de venganza.



Desde los tiempos de la derrota, cada sesenta y seis años cesaban sus viajes de complacencia y lujuria por la tierra, en que se recreaban tan solo con los placeres prohibidos por Yahveh. Comidas copiosas, lujos, y pasiones carnales, con hombres o mujeres que ellos considerasen atractivos para saciar su hambre sexual. Todos ellos en exceso, como debía ser, ya que la contención era para las monjas, y Luck no era una monja, aunque su cuerpo se había fundido lascivamente con muchas de ellas.



Desde Diciembre de 1943, no había vuelto a viajar con sus hermanos, no los había vuelto a ver, no había vuelto a sentir su compañía y su fuerza. Ahora estaban juntos, volvían a viajar por el mundo, por la tierra que les pertenecía, del mismo modo que pertenecía a los hombres.



¿Por qué se empeñaba Yahveh en seguir interviniendo en la vida y el destino de los hombres? ¿No pagaron estos el precio al comer la manzana y convertirse en seres libres?

Condenación lo llamaba Yahveh, pero para Luck eso era liberación, o debería haberlo sido. Año tras año, siglo tras siglo, los secuaces de Yahveh en la tierra seguían queriendo arruinar las vidas terrenales de los humanos, infringiéndoles miedo y ordenándoles abstinencia, basándose en el amor a un dictador celestial.

Fascistas, esa organización estaba llena de fascistas y viciosos, y ahora algunos como cada sesenta y seis años tendrían que pagarlo, y muy caro por cierto.


Continuara...




Indice Capítulos

Luz en el lado oscuro - Capítulo I




Una extraña y calurosa noche de agosto. En Inglaterra no acostumbraban a sobrepasar los veinte grados ni en esa época del año.

Luck conducía su descapotable a gran velocidad. El aire que acariciaba su cara, le evocaba recuerdos de épocas lejanas, cuando aún tenía alas y se deleitaba contemplando la creación de Dios.

Faltaban pocas millas para llegar a Dover, donde un ferry le trasportaría hasta Calais, al norte de Francia. Su viaje tenía un fin determinado. Tal como procedía, desde miles de años atrás, la búsqueda de un nuevo objetivo para vengarse por su injusta condena volvía a ser su prioridad.

Embarcó su Mustang en el buque, y se dirigió a un lugar tranquilo donde poder descansar. No obstante, su instinto egocéntrico y exhibicionista le traicionó como en tantas ocasiones. Era incapaz de atravesar una multitud, sin disfrutar con que las miradas de estas se posaran sobre él. Su más de metro noventa, su abundante cabellera rubia, sus penetrantes ojos verdes y su porte, no le facilitaban pasar desapercibido en ninguna ocasión. Él lo sabía, y al contrario de intentar disimularlo, lo potenciaba. Vestía, un traje de Brooks Brothers color azul marino, una camisa blanca de Eton, y unos Oxford marrones de Carmina. Era imposible no mirar a ese ser, sin sentir deseos de compartir la vida con él.

Visualizó un lugar oscuro y tranquilo, donde parecía llegar un poco de fresco aire marino. Se sentó y se dispuso a encender un cigarrillo, pero una voz le importunó.

—Perdone Señor, no ha rellenado su ficha de pasaje —le dijo una mujer miembro de la tripulación.

Luck la miró detenidamente de arriba abajo, hasta que sus ojos verdes se encontraron con los de ella. En ese instante la mujer sintió que sus rodillas no podrían sostenerla en pie, sin embargo, sacando fuerzas de su interior, consiguió preguntarle.

— ¿Podría darme su nombre completo, lo necesitamos para el seguro de su automóvil?—

—Claro, no hay problema, me llamo Bell, Luck Bell. Esta es la documentación de mi Mustang —le contestó mientras le entregaba el papel rozando la mano de ella, lo cual le provocó un escalofrió que no pasó inadvertido para Luck.

Ella asió el documento mirando atónita la que posiblemente era la sonrisa más maravillosa que había visto, y que nunca más volvería a ver en su vida.

No obstante, se alejó, ya que algo le hizo comprender que Luck quería estar solo esa noche. Una sola palabra o insinuación de él, hubiesen bastado para caer rendida en sus brazos. Pero algo en su interior le dijo que no debía molestarle más.

Luck se acurrucó en un sillón dejando volar sus recuerdos, viajando a lo ocurrido miles de años atrás.

—Luzbel, ¿Te gusta, lo que he creado? —le preguntó Yahveh.

—Claro mi Dios, creo que el génesis ha sido la cosa más preciada que hayas podido realizar —le contestó.

Luzbel estaba encantado con la creación de la tierra, la amaba. Algo dentro de él le decía que esos animales que Yahveh había creado, simbolizaban todo lo maravilloso del universo, y que el hombre y la mujer hechos a semejanza de Yahveh y los ángeles, eran unas criaturas dignas de ser sus hermanos.

—Tengo una misión para ti Luzbel, quiero que les tientes, para que coman la manzana prohibida —le dijo Yahveh.

—Pero señor ¿No están bien en la tierra, en el paraíso, libres de todo mal? —le preguntó.

—Si Luzbel, así es. Pero quiero saber hasta qué punto, son capaces de obedecer mi voluntad, respetarme y amarme —exclamó Yahveh.

Luzbel miró al suelo. Nunca comprendió esa abrumadora necesidad de sentirse amado, y ese deseo de que su voluntad fuese ley. Pero él no era más que un Ángel, y no pensaba contradecir a su Dios. Sin embargo, una duda atormentaba su alma. “¿Por qué ha creado a estos seres si no los ama, y confía en ellos, tan solo para que ellos le amen a él? ¿Tan solo se siente? —se preguntaba”.

Se dirigió hacia la Tierra, adoptando la forma de uno de los más bellos seres de la creación, la serpiente.

Se apostó frente al árbol de la ciencia del bien y del mal que contenía la manzana, y espero a que Eva se acercara. Cuando ella apareció Luzbel, la incitó a que comiera de la manzana

—Yahveh nos dijo que del fruto del árbol que está en medio del huerto, no comeréis de él ni lo tocaréis, para que no muramos —replicó Eva.

—No moriréis, sino que alcanzaréis la vida eterna y el conocimiento para discernir entre el bien y el mal y seréis como Yahveh y los ángeles —dijo Luzbel sintiéndose un embaucador.

Eva tomó la manzana y la mordió, y viendo que nada ocurría se la ofreció a Adam, quien por amor hacia ella hubiese comido cualquier cosa.

Entonces durmieron, y al despertar vieron que estaban desnudos, que nada era como antes, y entendieron que habían cometido el pecado capital. Luzbel lloro como un niño, sintió que había sido una herramienta del mal, y que el mal estaba en el corazón de Yahveh.

El ferry estaba a punto de llegar a Calais, cuando algo sobresalto a Luck.

Una mano rozó su espalda, era Diana, la sobrecargo.

—Señor Bell, llegaremos en pocos minutos, perdone mi atrevimiento, llevo horas intentando recordar, de que le conozco—.

Luck la miro sonriendo. No podía decirle, que absolutamente todos los humanos le conocen, ya que forma parte de ellos, al igual que Yahveh.

—Bueno, digamos que tengo una cara común —le dijo.

Ella sabía que su cara podría ser cualquier cosa menos común. De pronto volvió a percibir aquella sensación, era una orden en su cabeza, no debía seguir importunando a Luck, por lo que volviendo su espalda, desapareció sin pronunciar palabra alguna.

El Mustang rugió al pisar suelo Francés, eran las primeras horas del alba, y el sol asomaba por el horizonte. Luck siempre había disfrutado de estos momentos, ya que le trasportaban a los días del Génesis, en que se hizo la luz en la tierra.

Y Yahveh le dijo:

—Luzbel, quiero que espíes a los hombres y me informes si son puros y me aman—.

—Mi Dios, ¿Crees que es necesario espiarlos? ¿No se condenaron ya comiendo el fruto prohibido del árbol de la ciencia? —le preguntó.

Luzbel no entendía aquella nueva obsesión de Yahveh. Algo desde el momento en que se dedicó a la creación y que le cedió momentáneamente el mando del cielo, le había hecho cambiar.

Cuando Yahveh pasados los siete días volvió y recupero su trono, atisbó en su mirada algo diferente. Tenía un brillo autosuficiente, con un grado de orgullo que asusto a Luzbel.

“¿Cuál era el motivo de crear a esos seres a su imagen y semejanza, e infligirles el sufrimiento desde el primer día? ¿Yahveh había atravesado el lado oscuro en su viaje? —pensó”.
No, hacía mucho tiempo que él era así —comprendió pese a no haber sido consciente antes”.

En ese momento Luzbel comenzó a cuestionarse toda su existencia. ¿Quiénes son los ángeles?, ¿Tan solo criaturas divinas creadas por Yahveh para realizar sus caprichos, seres asombrosos que escapan a toda comprensión, semidioses o simples esclavos? Eso no importaba a Yahveh, ya que simplemente existen y existirán hasta que él decida abandonar este universo o crea que ya no son necesarios.

Cuando Yahveh creó a los ángeles, para que estos fueran sus simples ayudantes en su obra, los separo en diferentes categorías:

Los Serafines, eran la clase más baja en la estructura celestial, no tenían forma física, el motivo de su existencia era proteger el alma de los nuevos seres creados por Yahveh, los hombres. Eran los ángeles guardianes. A diferencia del resto de ángeles, estos estaban encargados de custodiar tan solo un alma. Yahveh asignaba un serafín a un solo ser, y a los ángeles varios de ellos.

Todo era para protegerlos del mal. ¿Pero quién representaba el mal? Hasta el momento todo lo malo ocurrido a la humanidad había sido deseo suyo. Si, Luzbel fue la herramienta, la mano que mece la cuna, pero no el cerebro que le ordena hacerlo.

Después creo a los Arcángeles, los más poderosos, que tenían que cuidar de los ángeles, y entre ellos los más poderosos, los llamados “Jinetes de la libertad absoluta”.

Y los Querubines, que eran los más sabios ángeles, que solo habitaban en el cielo, y que se encargaban de administrar las fuerzas del universo, según las ordenes de Yahveh.

Luzbel era el Querubín de más alta confianza. Por ese motivo sustituyo a Yahveh en el trono durante el génesis, y por eso le fue asignada la misión de corromper a los hombres y evaluar su grado de amor a Dios.

Él nunca quiso esta tarea, y al fin se dio cuenta de que era el momento del Abaddon, la batalla más grande de todos los tiempos. Yahveh había perdido el sentido de la equidad y era el momento de que renunciara al trono Divino, y por la fuerza si fuese necesario.

Fueron tiempos sangrientos y difíciles, miles de ángeles caídos en aquella lucha. Sin embargo, a Yahveh no le importo, él siguió contemplando su creación, vanagloriándose de sí mismo, ajeno al sufrimiento de la guerra que acontecía en su reino.

Luzbel envió a Sirael, un ángel de su confianza a atacar a los querubines, a los que aniquiló. La batalla estaba dando la victoria a los sublevados. Pero eso solo duro un instante, ya que Yahveh creó a los arcángeles Vehuiah, Jverathel y Adar, quienes entablaron resistencia y vencieron a Sirael, momento en el que el propio Luzbel apareció.

— ¿Luzbel, eres tú el causante de esto? —pregunto Yahveh.

—Sí señor, no puedo seguir aguantando las ordenes y designios de un ser enfermo —le contestó.

—He derrotado a tus ángeles, que desde hoy serán desterrados contigo, y serán denominados demonios, y tú serás el peor, el ángel caído, el ser más bajo de la creación —exclamó Yahveh.

Luzbel fue expulsado del cielo, desterrado y condenado a vagar por la tierra, representando el mal.

¿Acaso Luzbel era el causante del mal?

Su condena eterna era ser el representante del lado oscuro, dimensión que precisamente él nunca había visitado.




miércoles, 21 de octubre de 2015

El tiempo no pasa para el alma


Este micro relato, fue concebido para el desafío “LOS MIL Y UN RELATOS” de la comunidad Google + RELATOS EXTRAORDINARIOS.

Se trata de un corto escrito en colaboración por Ramón Seres de Luz Blog, y un servidor.



—Lo siento cariño, me duele la cabeza —le dijo Marta a su marido.

Agustín conocía demasiado bien aquella canción en todas sus variantes. “Estoy cansada, no tengo ganas, mañana lo hacemos…” Todas eran versiones de una misma balada que se llamaba “Que te folle un pez”.

No podía rechistar, no le convenía a no ser que quisiese llevarse una monumental bronca, así que decidió irse al baño a interpretar el final de la tonadilla con un magistral “Solo de zambomba” Pero algo le sobresalto al entrar en el lavabo…



Para leer la continuación deberéis dirigiros al blog “Seres de Luz”
http://www.seresdeluzblog.com/
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